El estado es la voluntad suprema de la clase dominante que asegura, por sí misma, la relación con sus intereses económicos. Los estados democráticos estan al servicio de las clases medias. Los centros de poder y organismos de administración y control están ocupados básicamente por individuos pertenecientes a estas clases. La pertenencia a esta casta depende de una serie de factores que pueden combinarse entre sí, por familia-linaje, acceso por escalado en la pirámide social, en razón de las rentas, estatus socio-profesional, sentimiento de clase, etc.
Con el acceso y control a los órganos de gobierno y alta administración del Estado se produce una relación interpares entre las clases medias y los propietarios de los medios de producción y capitalistas.
Estas clases medias viven el falso sueño de la propiedad del capital y de los medios de producción mediante la compra de valores, acciones, participaciones en fondos de inversión, que vistos los resultados no son más que el instrumento de expropiación de capital de la economía de libre mercado.
El ciudadano como partícipe del estado, perteneciente a las clases medias controla y ejerce coerción sobre las clases desfavorecidas, esta coerción no es posible hacia el capital y propietarios de los medios de producción.
En realidad las clases medias están sometidas a la voluntad de el grupo de ciudadanos que temporalmente y desde los puestos políticos, ejercen derechos y poseen privilegios que sirven a sí mismo para el mantenimiento de el status quo para las generaciones venideras. Es decir, un sistema que se retroalimenta y crea instrumentos para el mantenimiento del status quo. Esta es básicamente la principal tarea de estos individuos.
No debería hablar de clase social, sino de clase ideológica, pero no en cuanto a la administración del gobierno, sino en cuanto a la teoría, estructura, organización y funcionamiento del sistema que sostiene al estado. En las clases medias existen individuos o colectivos que guian su pensamiento en base a la clase ideológica a la que pertenecen.
Un democrata conservador de clase media y un socialdemócrata discreparan, por supuesto, en asuntos morales, de conciencia, concepción de la sociedad y en ciertos aspectos relacionados con la economía, los medios de producción y el reparto del capital, distribución de las plusvalías, carga impositiva, solidaridad o Darwinismo social, instrumentos de coerción y control. Pero estarán de acuerdo por ejemplo en que debe existir ese reparto y distribución de las plusvalías, leyes para el control de las personas. Un disidente de la forma de estado negaría la existencia del capital y de las plusvalías y por tanto ese reparto y la distribución no tendría caso, se opondría a cualquier forma de dominio sobre la volundad de los individuos (sé que alguien dira que esto es un regreso a las cavernas).
Incluso la organización territorial es un aspecto menor, de una forma u otra estarán de acuerdo en que debe existir una organización geográfica y más si está relacionda con el capital y los medios de producción. En esto estarán siempre de acuerdo salvo fuegos de artificio y alharacas.
Es decir, siempre habrá acuerdo en cuanto a la filosofía del estado, su existencia y la teoría del sistema social que lo sostiene.